Un día cualquiera como hoy, en plena resaca post-nochevieja, un ejército popular irrumpió en Santiago de Cuba al grito de “Revolución o muerte” para acabar con el gobierno de un tirano. Era 1959, exactamente hace medio siglo.
Ríos de tinta han corrido desde entonces para analizar la revolución, su evolución, sus aciertos o sus errores, su influencia internacional y su posible devenir en el futuro. Pero lejos de mi intención acercarme a los elementos por todos conocidos y en los que está extendida la opinión personal y la visión subjetiva. Mi intención, como rata indagadora, es acercarme a las cosas más curiosas y que seguramente la mayoría de la gente no sabe sobre la revolución. Y por ello me centraré en como llegó cuba a la revolución.
Fulgencio Batista y Zaldívar era un aventurero y ambicioso hijo natural del revolucionario Belisario Batista y de Carmen Zaldívar. No reconocido jamás por su padre, inició en los años ’30 una meteórica carrera militar llena de galones y méritos, a pesar de que ni el mismo ni tampoco Cuba participasen en aquellos años en contienda militar alguna. A mediados de esa década, aprovechando sus contactos con varios militares de rango que preparaban un golpe de mano contra la ingerencia norteamericana en la isla, se hizo un hueco entre el nuevo gobierno revolucionario presidido por nada menos que cinco militares. La situación no mejoraría en exceso en la isla con la pentapresidencia y en 1939 se convocarían elecciones a las que Batista se presentó en este caso afirmándose socialdemócrata. Con el apoyo de los comunistas del Partido Socialista Popular y de la Convención Democrática. Su presidencia se caracterizó por la declaración de guerra a las potencias del eje junto a los Estados Unidos, la intervención en la economía siguiendo el modelo del New Deal y una gran cantidad de medidas de escasísima relevancia para la población cubana. Con semejante currículum, Batista perdió las siguientes elecciones en 1944.
Pero Fulgencio, no contento ante su inminente derrota en las terceras elecciones presidenciales a las que se presentaba, volvió a virar en su perspectiva política y en 1952 decidió dar un golpe de estado apoyándose esta vez en algunos empresarios norteamericanos de dudosa reputación tales como Frank Costello. El gobierno de los Estados Unidos no vió con malos ojos una situación en la que, comercialmente continuaría ejerciendo un control total sobre la isla y al no pertenecer a su jurisdicción legal, no tendría que preocuparse por la cuestionable legalidad. Comenzaba un periodo caracterizado por las prácticas mafiosas en el ámbito político como la eliminación de opositores políticos de forma sumaria y las prácticas económicas tendentes a la ilegalidad, que proporcionaron unos inmensos beneficios económicos a Batista (llamado en aquellos tiempos “El Hombre”) y a sus socios norteamericanos.
Ante semejante panorama, numerosas organizaciones clandestinas se lanzaron a la lucha armada, entra las que destacaba el Movimiento 26 de Julio, inspirado en un ideal antiimperialista y democrático y liderado por un joven carismático llamado Fidel Castro, antiguo militante del liberal, bastante moderado y algo populista Partido Ortodoxo. Se trataba de una escisión del Partido Auténtico que gobernó Cuba entre 1944 y 1952 y estaba llamado a ser su opositor permanente en un sistema democrático y bipartidista en Cuba. Pero ante la nueva situación, ambos partidos se vieron obligados a aparcar sus escasas diferencias y comenzar a trabajar por el derrocamiento de la dictadura. Tras seis años de incesante lucha armada a la que se irían uniendo diversos grupos políticos, lograrían su objetivo.
Para aumentar lo curioso del caso, cabe destacar que el Partido Socialista Popular, representante del movimiento comunista internacional en Cuba fue uno de los últimos movimientos políticos en unirse a la lucha armada. A pesar de que Batista justificaba su violenta actitud contra la oposición en la lucha contra el comunismo, el antiguo socio de gobierno de Batista era uno de los grupos políticos menos maltratados por la dictadura. De hecho, solo se prohibiría al comienzo su periódico, permitiéndoles expresarse publicamente en los medios oficiales del regimen, no pasando a la clandestinidad y la oposición directa hasta la segunda mitad de 1958, cuando apenas quedaba un año y medio para la definitiva victoria revolucionaria.
La influencia creciente de Ernesto Guevara y Camilo Cienfuegos en el movimiento revolucionario, el escoramiento de Fidel Castro y la negligente actitud de los Estados Unidos que pasaron de dar un apoyo inicial al Movimiento 26 de Julio a oponerse en cuestión de meses en 1959 junto a la astuta intervención de la Unión Soviética que supo darle su apoyo en el momento preciso para poner a la isla de su parte provocaron la completa adhesión de Cuba al bloque soviético. Los acontecimientos posteriores, con la Invasión de la Bahía de Cochinos y la Crisis de los Misiles hicieron olvidar rápidamente todos esos matices de la revolución y en el imaginario colectivo quedó impresa la imagen de la República Cubana en la guerra fría. Pero los matices son al fin y al cabo los que van tejiendo la historia y siempre hay ratas dispuestas a recordar.
Christian Zampini (Rata)
Escrito por Christian